Legado samurái
Partí desde la estación de trenes Shinjuku de Tokyo, en un viaje de 40 minutos hacia el norte para llegar a Warabi, una ciudad de 75.000 habitantes en la prefectura de Saitama. Allí debía encontrarme con el maestro de iaido, Hiroshi Nagao, a quien no conocía personalmente. Este maestro era el 14º descendiente de una familia que hace 400 años figura en los registros de familias samuráis. Habíamos tenido un breve contacto vía web, donde le conté sobre mi viaje a través de Japón y mi intención de practicar algunas de las artes marciales a las que me dedico, mientras recorría su país. Nagao Sensei fijó un día y una hora y quedó en pasarme a buscar por la estación de trenes para ir desde allí directamente a su dojo. Llegué 45 minutos antes por las dudas y me quedé esperando en la estación. A la hora fijada apareció Sensei vestido con iaidogi y hakama blanca, con la funda de katanas al hombro y un bolso. Era un hombre de mediana edad, con aspecto de profesor universitario. Delgado y de buenas maneras. Pero hubo algo que me llamó más la atención de que apareciera vestido así y fue que a nadie en la estación de trenes le pareció importar mucho su atuendo. Una vez que nos saludamos con una inclinación, me invitó a acompañarlo en un inglés básico y fuimos caminando hasta el lugar donde él dictaba sus clases. El maestro traía consigo un aparato traductor para hablar conmigo y me explicaba que dictaba sus clases en una escuela secundaria y que por eso debía llevar su kamidana en el bolso, ya que no puede haber figuras religiosas en las instituciones públicas. Los kamidana son pequeños altares shintoístas portátiles, que se colocan en algunos dojos con la intención de proteger a los alumnos y evitar que se lastimen seriamente durante la práctica. En lo posible se deben colocar a una altura superior a los ojos de las personas. No más abajo y mucho menos en el suelo.
Cuando llegamos a la escuela, me cambié y fui presuroso al salón de práctica. Una vez que estuvieron todos los alumnos ubicados en su sitio me presentó con el traductor y además me pidió que yo hiciera una presentación sobre mi persona y del objetivo de mi viaje. Aproveché ese momento para agradecer la hospitalidad y explicar que me encontraba viajando por todo Japón para aprender su historia y su cultura. Les llamó especialmente la atención que un ciudadano argentino se hubiera pasado toda su vida estudiando las artes marciales y la historia de su país. Una vez hechas las presentaciones, el maestro me explicó que sus alumnos tenían que rendir un examen en pocos días, así que él iba a entrenar conmigo en forma separada. Aquí quisiera hacer una salvedad sobre algo que me hizo pensar mucho. El maestro mandaba a sus alumnos a rendir sus exámenes en la federación de su región siendo que él tenía sobrados títulos y linaje como para tomar él mismo los exámenes a sus alumnos. Sin embargo, en un gesto de muchísima humildad delegaba esa función al ente rector correspondiente. Esta situación contrasta en mucho con situaciones que vemos a diario en occidente donde muchos maestros con dudosos grados e incluso dudosos linajes tienen como único objetivo tomar ellos mismos los exámenes y cobrar por ello. Tomé esta situación como otra enseñanza de aquel día.
Así fue como entrenamos Seitai Iai y luego me preguntó qué koryu o escuela antigua practicaba yo, a lo que respondí Muso Shinden Ryu e inmediatamente él se puso junto a mí a hacer los kata de la Muso mientras el resto de su clase continuaban con sus prácticas de examen.
Nagao Sensei es fundador de la Escuela de Iaido de Warabi, perteneciente a la Saitama Kendo Federation. Fue discípulo de los maestros Masanori Kobayashi y Onuma Yuji, ambos kyoshi 7° danes. Siendo aun un niño, sufrió un accidente de tránsito que le hizo perder casi por completo la movilidad articular de su tobillo. Me contaba que estuvo más de un año para poder sentarse correctamente en seiza cuando comenzó con sus prácticas de iaido pero nunca se sintió impedido de avanzar en las artes marciales siguiendo la tradición de su familia que se remonta al samurái Nagao Sobei, fallecido en el año 1651. Este ancestro de Nagao Sensei sirvió como samurái en los dominios del clan Tsugaru en el extremo norte de la isla de Honshu en Japón. El señor del clan de nombre Tsugaru Tamenobu, sirvió durante la batalla de Sekigahara entre las filas del Ejército del Este comandadas por Tokugawa Ieyasu. La tumba de Nagao Sobei se encuentra en el templo Tishoji de Hirosaki, Prefectura de Aomori, que desde aquella época se ha transformado en templo familiar de la familia Nagao y que el maestro visita cada vez que viaja a la tierra de sus ancestros. La familia Nagao se encuentra en la actualidad debidamente asentada en los registros de familias samuráis. Me contaba como curiosidad que después de la Segunda Guerra Mundial se tachó en los libros de actas el cargo de samuráis de su familia debido a un edicto que prohibía su identificación como bushi aristócrata, impidiendo también el acceso a dichos documentos. Ese edicto aun hoy sigue en vigencia. La única forma de acceder a los documentos originales de aquella época es a través de registros informáticos.
Todos los días 3 de noviembre de cada año, en que se conmemora el Día de la Cultura, Nagao Sensei se calza su armadura familiar y sus armas para desfilar en el festival Nakasendobushu Warabi Shuku de su ciudad junto a otros descendientes de los señores de la guerra del Periodo Sengoku a lo largo de 2 km de la avenida principal enfundados en sus armaduras de más de 20 kg. Una forma de mantener viva sus tradiciones y honrar a sus antepasados. Esto me recuerda a las primeras estrofas del libro Bushido de Inazo Nitobe cuando dice que la cultura samurái son como estrellas lejanas ya apagadas que aun podemos ver mientras su luz sigue iluminando los senderos de nuestra moral y nuestros valores. Esta es la forma en que entiendo al pueblo japonés y su cuidado en resguardar las tradiciones de siglos de antigüedad que en otros países vemos cómo se diluyen entre la modernidad y los avances culturales de la globalización.
Nagao Sensei también suele hacer prácticas con las armaduras Yoroi lo que le da una mejor comprensión de los movimientos de combate de la época feudal. Si bien el iaido se centra más en técnicas sin armadura mas circunscriptas a la vida cotidiana del período Edo, hay un aspecto del manejo del sable que no debería ser descuidado para aquellos que estudiamos este arte y es el relativo al manejo de la katana con la armadura puesta ya que configura un segmento de técnicas, blancos y desplazamientos totalmente diferentes a los que normalmente estamos acostumbrados. En la secuencia de fotos que acompañan esta publicación vemos a Nagao Sensei ejecutando la aplicación del kata Yamashita Oroshi de la tradición Muso Shinden Ryu en su secuencia de katas Chuden. El nombre de este kata proviene de un fenómeno climático que ocurre en Japón y que hace referencia a una tormenta lluviosa. Suele generarse en las partes altas de las montañas y desciende en forma brusca y violenta por la ladera. Un simbolismo más que adecuado para describir los movimientos de este kata que cobra mayor vigor al hacerlo enfundado en una armadura samurái. En la secuencia se puede apreciar a un enemigo que intenta tomar el sable de Nagao Sensei mientras este golpea la mano de su adversario con el tsuka (mango del sable), seguidamente aplica un corte en el cuello entre la unión del do (pechera de la armadura) con el kabuto (casco) para después empujar cortando con la otra mano haciendo que el enemigo caiga al suelo. Posteriormente, Nagao Sensei se reubica para dar el golpe final llamado kiri oroshi.
En su casa de Warabi y cual un pequeño museo, Sensei Nagao guarda cuidadosamente cada armadura y arma heredada de sus ancestros. Al ver esto me pregunto cuántos japoneses descendientes de samuráis se encontrarán en su misma condición tratando de mantener viva la llama de una época que marco a un país para la eternidad y que a través de sus artes marciales llegó a cada rincón del mundo. Entre sus armas hay por ejemplo Yari (lanza), Naginata (alabarda), un antiguo Wakisashi del siglo XV llamado Bingoju Masaie de 45 cm de largo en perfecto estado de conservación, otro wakisashi shirasaya llamado Izumi no Kami Kanesada de 56,8 cm del siglo XVI o la katana Edo Mizutakunimitsu del siglo XVII que es la que el maestro suele usar para sus pruebas de corte tameshigiri. Aquí me gustaría comentarles a los lectores otra cosa que me llamó la atención de la práctica de este maestro y es una especie de estructura móvil sobre ruedas que Nagao Sensei utiliza para las pruebas de corte. El maestro coloca los juncos o cañas sobre la misma y hace que un alumno empuje la estructura hacia él como si fuera un atacante que se le acerca rápidamente mientras el maestro desenfunda rápidamente haciendo el corte tameshigiri. Este tipo de trabajo ayuda a desarrollar mejores reflejos y coordinación al momento de desenfundar el sable mientras se ejecuta un corte preciso. Obliga al ejecutante a calcular tiempo y distancia en cuestión de segundos para descargar el golpe correcto. Cabe aclarar que el maestro les presta este sable a sus alumnos cuando deben hacer cortes en sus exámenes lo que habla a las claras del cariño y dedicación de éste para con sus alumnos.
Al despedirnos, el maestro me hizo entrega de un documento firmado por él, donde detalla las virtudes del bushi y dedicado a su compañero de sable, Jorge Orpianesi que reza:
La actitud de un Bushi
La mentalidad correcta de un bushi es:
No decir mentiras,
No ser egoísta
Ser humilde sin alardear de ello
No romper la etiqueta
No halagar a los superiores
No despreciar a los inferiores
No romper promesas
No hacer lo que nunca se debe hacer
No abstenerse de morir cuando se supone que se debe hacerlo
Honrar siempre la justicia y la verdad
Tener un corazón fuerte como el hierro
Ser consciente de la dulzura y la belleza de las cosas
De más está decir que no nos conocíamos más allá de nuestras publicaciones en las redes sociales y jamás me preguntó qué graduación o rango tenía. No creo haberme llevado técnicas secretas ni fantásticas ese día del dojo de Nagao Sensei. De lo que sí estoy seguro es que regresé con una nueva forma de ver la práctica, una muy distinta manera de entender el Do y, por qué no, con un nuevo amigo…
Jorge Orpianesi
Artes Marciales Japonesas
Basado en textos del libro "La Ruta del Samurai" de Jorge Orpianesi
Fotografías: Hiroshi Nagao y Jorge Orpianesi

