YOSHIHIDE SHINZATO SENSEI
EL LEGADO DE UN PEQUEÑO GRAN HOMBRE
“El ladrón encontró el lugar perfecto para robar. La puerta de la casa estaba abierta y solo tuvo que abrirla para entrar. En la oscuridad de la madrugada sacó su arma por si se encontraba con algún morador. Mientras buscaba objetos de valor, de repente se quedó paralizado al ver la figura de un hombre de mediana edad barriendo en la penumbra. Se acercó apuntando con su arma al grito de “Esto es un asalto!”. El dueño de casa lo ignoró y siguió barriendo. El asaltante desconcertado se acercó hasta donde pudo ver el rostro de su víctima y percibió que se trataba de un hombre pequeño de rasgos orientales y delgado bigote. Preso del nerviosismo volvió a apuntar con su arma y el hombre que barría le dijo que podía tomar lo que quisiera siempre y cuando le hiciera falta, que él no lo iba a detener pero que debía saber que lo que estaba haciendo era incorrecto. Ante la falta de reacción del ladrón, que había quedado paralizado ante tan inesperada respuesta de su víctima, el hombre se acercó a un viejo escritorio y abrió los cajones de dónde sacó algo de dinero, unas medallas y no mucho más. Luego abrió su billetera y le dio algo más de dinero. Seguidamente le pidió que guarde su arma que estaba en una escuela de Karate y Kobudo y que pronto comenzarían a llegar los alumnos y debía empezar la clase. Lo invitó a sentarse mientras le sirvió un té al mismo tiempo que comenzaban a llegar los alumnos ataviados con sus blancos karategis. El ladrón que podría haberse ido con los pocos objetos de valor, tomo la decisión de guardar su arma y quedarse a ver la clase ya con las primeras luces del día…”
Este incidente fue verídico y así lo relató el mismo ladrón quien después de lo vivido aquella madrugada decidió convertirse en alumno del maestro a quien describió como un hombre pequeño pero de gran corazón y que lo salvó de todas las formas posibles convirtiéndose en el padre que nunca tuvo y que hoy nos ocupa en estas páginas. Hablamos del maestro Yoshihide Shinzato.
Su nombre era Yoshihide Shinzato (1927-2008). Había nacido en la villa de Haebaru, al sur de Okinawa y la Segunda Guerra Mundial lo encontró en el convulsionado Japón a sus jóvenes 17 años. Siguiendo un profundo sentido del deber se alistó en el Ejército Imperial. Su baja talla (apenas medía 1.50 mts) no le permitió ir al frente de batalla ni convertirse en Kamikaze según eran sus deseos. El destino le reservaría un trabajo de mayor importancia quizá. Se convirtió en un destacado radiotelegrafista y su misión era decodificar mensajes encriptados de las fuerzas aliadas así como mantener las comunicaciones entre los ejércitos asentados en la China ocupada y su nación. Desde su puesto en Pekín tuvo que ver de lejos las sangrientas batallas que diezmaron su pueblo llevándose la vida de miles de conciudadanos entre los que estaban familiares y amigos. Luego de la rendición regresó a su tierra para ver espantado la desolación y la tragedia que oscurecería para siempre su amada isla. Aquella que siempre había destacado por la cortesía y las buenas maneras de sus habitantes, en ese momento solo reflejaban angustia y desolación. Demasiado dolor lo llevaron a tomar la decisión de buscar nuevos rumbos lejos de tanta locura bélica y fue así como a fines de 1953 partió en el barco “América Maru” junto a sus padres, hermanos, esposa y dos pequeños hijos con rumbo a Sudamérica.
Shinzato y su familia desembarcaron en la ciudad de Santos, Brasil para instalarse definitivamente en el poblado de Praia Grande donde se dedicó a la transportación de productos agrícolas desde su región hacia el mercado local donde todos comenzaron a conocerlo por su predisposición al trabajo y amabilidad. Lo que nadie sabía era que Yoshihide Shinzato era un experto en las artes marciales de su tierra. De joven había entrenado Judo en el colegio militar con un maestro de nombre Itokazu pero lo que definitivamente le llamó la atención fue el arte original de su tierra llamado Karate al que consideró más apropiado para un hombre de su talla. Su primer maestro fue el legendario Ambun Tokuda hasta la muerte de éste acontecida durante la guerra. Posteriormente continuó su aprendizaje bajo las órdenes de Choshin Chibana con quien entablaría una preciosa amistad hasta la desaparición del mismo en el año 1969. Chibana antes de morir graduaría a Shinzato con el 8º dan. Una vez instalado en Sudamérica se introdujo en el arte del Kobudo okinawense de la mano de su compatriota Shinko Akamine, alumno de Kanki Izumigawa y luego de Masahiro Nakamoto alumno de Shinken Taira. De a poco y para no olvidar lo aprendido de sus maestros, Yoshihide Shinzato comenzó a enseñar estas artes a sus hijos y luego a algunos vecinos de la comunidad japonesa para finalmente abrir su escuela el 3 de junio de 1962 a la que llamó “Academia Santista de Karate do”. A medida que su escuela crecía en número de alumnos, decidió hacer viajes regulares a su tierra natal para mantener viva la llama de sus artes y a la muerte de sus maestros se puso bajo las ordenes de su antiguo senpai y amigo Katsuya Miyahira en Karate de la línea Shorin Ryu y de Katsuyoshi Kanei en Kobudo quien era un maestro del linaje directo de Shimpo Matayoshi.
Casi sin querer, su escuela fue creciendo exponencialmente en número de practicantes tanto en Brasil como en Argentina donde su escuela llegó a tener más de 10.000 alumnos que recuerdan al maestro Shinzato como un guía que supo marcar un camino dentro de las artes marciales a base de valores, honestidad y un profundo amor por lo que hacía. En la actualidad la escuela fundada por Shinzato lleva el nombre Shin Shu Kan y es reconocida en Okinawa como un estilo familiar, tiene sedes en casi todos los países de Latinoamérica además de países europeos como España y Suiza. El nombre de su escuela está compuesto por los kanjis Shin (por Shinzato), Shu (apocope de Yoshihide) y Kan (casa) ya que así era como sus primeros alumnos identificaban a su dojo.
En el caso del Kobudo Shin Shu Kan vemos que se nutrió de las dos principales líneas de Okinawa como son la Matayoshi y la Taira. En el año 1993, Katsuyoshi Kanei le otorga a Shinzato el título de Hanshi en Kobudo. En el Kobudo Shin Shu Kan de Yoshihide Shinzato se aprende el uso de las siguientes armas a través de su kihon y sus katas:
Bo:
Ufugusuku no kun (versión antigua del Oshiro no kun)
Oshiro no kun
Chikin bo
Chou no kun sho
Chou no kun dai
Chikin no kun
Sushi no kun sho
Sushi no kun dai
Sakugawa no kun
Nunchaku:
Maezato no nunchaku
Nunchaku sanban
Nunchaku kihon
Tonfa:
Tunkwa ichi ban
Tunkwa ni ban
Hamahiga no tunkwa
Sai:
Nicho sai
Akamine no sai
Sai dai ichi
Sai dai ni
Hamahiga no sai
Kama:
Kama kihon
Kama dai ichi
Kama dai ni
Eku:
Eku no kata
De cada uno de estos katas se enseña además el trabajo de aplicación (bunkai) de sus técnicas. En mis muchos años de estudio de esta línea de Kobudo okinawense, los maestros herederos de Shinzato Sensei nunca dejan de sorprenderme con la enseñanza de innumerables técnicas ocultas que salen a la luz gracias al trabajo del bunkai correspondiente a cada forma enseñada. Muchas técnicas incomprensibles en la ejecución en el aire de un kata, se vuelven devastadoras al realizar la aplicación mientras entendemos la mecánica del movimiento y de lo que los maestros antiguos quisieron transmitir.
Tuve oportunidad de conocer a Shinzato Sensei en el año 2004 y lo que más me llamó la atención en ese momento fue el respeto que inspiraba a pesar de su aspecto humilde y afable. A pesar de su baja estatura siempre destacaba a donde iba, todo el tiempo rodeado de alumnos que se acercaban a saludarlo, a hacerle preguntas o simplemente para sacarse una foto con él. Shinzato Sensei jamás perdió su sonrisa y buen trato por eso al día de hoy muchos karatekas lo recuerdan como el padre inspirador y ejemplar de una gran familia. Siempre pensé que Yoshihide Shinzato encarnaba mejor que nadie el ser okinawense, no solo por su pequeña talla y su tez oscura, sino por su encanto y su luz como persona que bien podría resumir a la de todo el pueblo de las islas de Okinawa.
La muerte encontraría a Shinzato Sensei en el año 2008 a causa de una insuficiencia renal ostentando en ese momento el grado de 9º Dan de Kobudo y 10º en Karate Shorin Ryu que había sido otorgado con un enorme reconocimiento por su labor directamente desde Okinawa. Tras de si había dejado un legado enorme de enseñanzas marciales y para la vida. Legado que continúan al día de hoy de la mano de sus hijos, el mayor como presidente de la Shin Shu kan International, Masahiro Shinzato (Kaicho), el menor Mitsuhide Shinzato y del jefe de la escuela en Argentina Héctor González Ceballos, quien es a su vez Vicepresidente de la misma organización. Ambos jefes de escuela ostentan actualmente la categoría de 9º danes en karate otorgados por Katsuya Miyahira antes de morir. La actual asesoría técnica desde Okinawa para la escuela Shin Shu Kan en tanto, recae en las figuras de Morinobu Maeshiro en Karate y en Kiyoshi Tsuha en Kobudo. En el año 2003 el Emperador Akihito reconoció a Shinzato Sensei con la orden de “Gran Comendador del Otoño” en agradecimiento por su contribución en la difusión de la cultura japonesa alrededor del mundo siendo la primera vez que se otorgaba esta distinción a un maestro de Karate. Condecorado por una tarea que estoy absolutamente convencido, realizó con la mayor de las dedicaciones y total responsabilidad convirtiéndose para las generaciones futuras en un permanente legado dejado en esta vida por un pequeño gran hombre…
“Pobres aquellos practicantes que creen saberlo todo.
Se privan de uno de los mayores placeres de esta vida:
APRENDER”
Yoshihide Shinzato Sensei

Texto: Jorge Orpianesi- Artes Marciales Japonesas
Fotografías: Escuela Shin Shu Kan – Jorge Orpianesi